martes, 29 de enero de 2013

DISFRÁZATE POR GUSTO, NO POR NECESIDAD. 22/11/2012.


                                   


Todavía es muy pronto, decía.
¿Pronto para qué?, ¿para vivir?; ¿pronto para huirle a la muerte?
Nunca es pronto, siempre es tarde: porque mientras pronuncias pronto, avanzas sumergido en nuestro concepto lineal del tiempo.
¿De verdad piensas que es pronto, o lo estás fingiendo?
Si finges, ni siquiera lo haces por una razón de peso, sino porque simplemente está estipulado en tu mundo.
Y, ¿cómo es tu mundo?
Se compone de desaparecidos y aparecidos, como el mío; pero tú tienes que desvanecerte poco a poco con todo el “desaparecido” de tu alrededor, y yo… Yo aparezco más, porque me da miedo desaparecer. Por eso me hago más protagonista aún de mi propia vida, en la que no existen tristezas clasificadas por colores, ni sentimientos estipulados por cortos o largos periodos de tiempo.
A ti te importa lo que piense todo aquel que te vea, a mi me importa lo que piense aquel que ya no puede verme.
¿Quién inventó el luto? Y, ¿Por qué lo hizo?
Quizás tenía que demostrarse a sí mismo que sentía lo que deseaba sentir, quizás tenía que meterse en su papel para auto engañarse y creérselo.  Quizás quería sentir lo que no sintió en vida del desaparecido. Quizás no fuese por nada y por todo.

Ya no se practica tanto esta “tradición”, y menos debía practicarse. Es cargar al vivo con la muerte del muerto: una carga voluntaria, pero que pesa, y mucho; pues como escribió Antonio Gala en “el don de la palabra”: “Es curioso que la vida, mientras más vacía, más pesa…”.

Y como el luto, es todo aquello que es fingido. Un peso que pesa (valga la redundancia). Ahora somos “modernos”, ya no hacemos luto, hacemos lo que “nos da la gana”, y somos quienes “queremos ser”.
MENTIRA, MENTIRA Y MENTIRA.

Vaya palabra fea (mentira), pero que es más cierta que la verdad misma (en este caso), porque la mentira todos sabemos lo que es, pero la verdad nadie puede atisbar si quiera lo que para cada uno es.
Todos tenemos nuestros principios, nuestra educación, nuestra moral, nuestra cultura…Todos somos producto de una herencia (hace ser lo que eres naturalmente) y nuestro ambiente (hace ser lo que serás y seguirás siendo, hasta que dejes de serlo, porque no serás nada): Memento homo, qui pulvis eris et in pulvis reverteris.

Y al fin y al cabo, mientras fingimos, todos productos de un teatro mundial, EL TEATRO DE LA VIDA.
Qué bonita puede ser la vida, o qué todo lo contrario. Todo depende de la perspectiva. Y la perspectiva misma es fruto a su vez de esa herencia y de ese ambiente; el carácter, temperamento, personalidad…

¿Por qué te empeñas en no aplicar la chispa de la vida (adecuada, si te gusta héroes del silencio), en no aplicar tu entusiasmo, en juzgar a través de un inocuo aspecto, un absurdo comportamiento, en definitiva una sutil obsesión?
¿Por qué te encierras en esa espiral?, ¿Por qué no sabes salir de ella?, ¿Por qué eliges tan poco donde hay tanto que elegir?
Pudiendo amar lo polifacético, emocionándote ante todo lo que hay por conocer y saber; descubriendo que hay que seleccionar, sino no eres nada. ¿Por qué ni si quiera te planteas que tienes esa posibilidad?, ¿Por qué no sientes esa emoción?

POEMA A LA ELECCIÓN
Muchos por aquí pasan,
Pasan sin mirar;
O solo mirando,
Mirando sin observar.

¡Hay tanto que observar!,
¡Hay tanto que ansiar!, que
No cabe en mi tal posibilidad:
La de caminar sin contemplar.

Múltiples opciones, que
Mágicamente crean pasiones.
Múltiples deseos que en ti apeas,
Y con abarcarlos todos fantaseas.

Elección, asesina del deseo.
Elección, dosificadora de pasiones.
Elección, que en ti albergas grandes intenciones.

Ahí, compañeras mías, de mi mismo género, ¿por qué a veces os comportáis tan mal con nosotras mismas?, embebidas en ese mundillo, en esa ridícula atmósfera que debería ser solo un hobby. En todos los ámbitos ocurre, siempre hay anti-mujeres, pero al menos justifican su causa más que vosotras (injustificable).

POEMA SOBRE LAS ANTI-MUJERES
Mujeres, que ingratas con su género;
En deteriorarlo ponen esmero,
Y no hay mayor guerrero, que
En dañarlo sea más entero.

Disposición, entrega y sumisión;
A cambio de adquisición o sucia pasión.
Emprenden su misión, armadas:
Baja moralidad y alta seducción.

Quizás todo esto que vivimos sea producto de una época, donde muchos se sienten bien, y quien no lo hace, o la cambia, piensa que vistiendo de otro modo cambiará el “modo”. El modo de andar por encima de esa cuerda floja que es la vida. O simplemente aprende a vivir con ella (que es lo que terminamos haciendo todos, fingiendo ser el tipo de persona que hay que ser, la aceptada socialmente).

POEMA A LA ÉPOCA NO CORRESPONDIDA
Cultura de la incultura,
Donde una llama se enciende, y
Antes de alcanzar altura,
O es apagada o desciende.

Desciende para poder mantenerse,
Mantenerse incandescente;
Para quien no lo merece,
A quien no pertenece.

A nadie pertenece,
No en este tiempo;
Donde el precio,
Sobre el valor ejerce.

Y con esa preocupación constante de parecer y aparecer, desatiendes: muchas cosas, mucho más importantes. ¿No te das cuenta?, ¿ves que tienes dos piernas para andar?, ¿Ves que no importa tanto como las cubras, sino lo que hagas con ellas, y a donde te lleven?, ¿ves que eres como un mercedes sin gasolina, pudiendo ser un panda con el depósito lleno?, incluso, puedes ser las dos cosas a la vez; pero cuesta, esfuerzo, implicación: ¿estás dispuesto?

POEMA A LOS SENTIMIENTOS DESATENDIDOS
Desatendidos los sentimientos;
Un atinado acontecimiento:
Da comienzo al experimento.

Asesinato injustificado;
Con la mente aprobado:
En contra de un corazón degollado.

Lo natural, tachado;
De anti-natural declarado:
Lo hermoso queda ejecutado.

Verdugo de un alma;
Aquella que lo alimenta:
Hambre hoy, pan para mañana.

 Desatendidos los sentimientos;
Más que fortuna:
Tormento.

Si no te percatas de que tu escenario es ridículo, y de que el público no te aplaude es que puedes mearte encima sin darte cuenta de que llevas los pantalones mojados.
¿De verdad piensas que durará para siempre?, es una época, una más, una dentro de esa gran obra, la obra vital de cada uno. Hermosa, fatal, infranqueable, emocionante; una película de suspense, un camino de incertidumbre. ¿Estás tranquilo afincado en eso?, ¿Te basta y te sobra?
Nunca basta y nunca sobra, y también hay más de la cuenta. Qué contradicción, inherente a la vida misma. Es más inteligente sentir de tal forma en que conviertas tu sentimiento en inexistente, porque al menos no lo tienes desatendido.

POEMA AL SENTIMIENTO INEXISTENTE
El sentir inexistente:
Aquel que nunca miente;
Frío y transparente,
Aparece y desaparece,
Quien ese sentir siente:
¿Padece o se compadece?

Un disfraz, totalmente necesario para nuestra ya nombrada “gran obra de teatro”, la vida. Pero, resulta que tu disfraz es excesivo, de cuerpo y de mente, o ¿es que si te lo quitas no eres nadie? Ya hemos dicho que finalmente todos acabaremos siendo nada, pero ser nada siempre, desde el comienzo hasta el fin es demasiado duro, y más para ti mismo, que piensas que lo eres todo solo con eso: con un buen disfraz.

Todos dejamos de existir por cualquier causa, ajena a nosotros, desnúdate, porque cuando la vida o la muerte te termine desnudando ya no podrás verte, y reírte de ti mismo, admirarte, valorarte, sentirte agradecido o desagradecido.


 POEMA A LA CAUSA AJENA
Corazón que desciende,
Alma que trasciende;
Día a día, de la mano
Por las calles se extienden.

Un mal nos acecha, y
En quien se manifiesta,
Su vida estrecha.

Un día se separan;
El corazón al alma embala.
Y cuando todo se acaba,
Un almacén desconocido
Será lo que le depara.

Piensa en ese almacén cuando pienses en todo lo que piensas, piensa en todo lo bueno que te rodea, piensa como un buen cristiano (aunque no lo seas, yo tampoco lo soy), y siéntete agradecido por el tiempo que duró, y no desafortunado porque se acabó.

Piensa, piensa, piensa…. Hay mucho más, mira a tu alrededor, siéntete ridículo y cambia, evoluciona, sé mejor de lo que ahora eres o de lo que ni si quiera nunca aspiraste a ser, sé algo, pero no un mediocre disfrazado, disfrázate por gusto, no por necesidad.

El misterio que ha de rodear a cada persona se consigue de otro modo: haciéndose impredecible, no irreconocible.

(Ruego me disculpen por la métrica barata de mis poemas, pero no soy poeta: qué osadía...)

lunes, 7 de mayo de 2012

LA CUERDA FLOJA. UNA DISCIPLINA MUY FUERTE PARA LA CABEZA. 06/05/2012.


Cuando te percatas de que no eres nadie sin el elixir del movimiento constante, te ves obligado a caminar sobre una cuerda floja (Walk the line, si te gusta Johnny Cash), donde te sientes un animal impuro (como los de José Luis Cuevas); Viendo que “todos somos monstruos, o más bien, nadie es monstruo pues todos lo somos” (opina Vargas Llosa sobre dichos animales).
A pesar de que la expresión “estar en la cuerda floja” nos haga pensar en reminiscencias circenses, lo cierto es que se trata de una expresión muy castellana asociada en sus orígenes a los procesos judiciales. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con los tribunales, solo con el juicio (mental: sano, insano) de uno mismo (juicio y prejuicio).

Dice el protagonista (Felipe Núñez) del libro de Federico Cañada Sainz (el paraíso de los hombres solteros, 1964): “es difícil ser justo. Para ser uno justo con los demás, a veces, es necesario ser injusto con uno mismo. Y la verdad…”
Y la verdad es esa, que si caminas por la cuerda floja (de la manera en que yo la entiendo) es difícil ser injusto con uno mismo. Puede sonar a injusticia en un sentido muy abstracto, pues es muy amplio el concepto. Quizás esté nombrando mal a las piedras literarias que voy lanzando por el camino, a través del cual he de llegar al trasfondo de todo esto, utilizándolas en definitiva (piedras) para hacerme entender. No obstante, espero llegar a buen fin, por algún lado he de comenzar, y más me vale ordenar lo que voy a relatar, pues mucho se puede enredar:

Supongo que no soy la única persona a la que le sucede poder llevar una vida relajada (aparentemente), aunque mi cabeza (con vida propia) lleve una vida más acelerada, no para, y no puedo evitarlo. Entonces, la vida que llevas no es realmente una vida relajada, sino agotadora. Cuando te agotas decides que tienes que cambiar, y que además tienes que pensar menos (es una trampa), y justo cuando estás dispuesto a hacerlo, sacas energía de no sé donde (eres joven: espiritualmente) y vuelve el ciclo a repetirse (feed-back positivo). Finalmente, llegará el día en que salgas de ese ciclo, rompas con él (supuestamente de manera definitiva), será el día en que te conviertas en alguien más práctico, rutinario, el día en que adquieras muchas más responsabilidades de las actuales; Ese día habrás cambiado (el resultado de la suma de todos los días). Y también hay quién apenas cambia.
Yo, personalmente, estoy muy de acuerdo con lo que dijo Elliot Gould: “Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar”, por lo que la última posibilidad (no cambio) no me vale.

Y qué tiene qué ver todo esto de los cambios con estar en la cuerda floja…se preguntará más de uno:
Cuando sientes intensamente la vida como lo que es (irreversible), te aflora también (día a día) del mismo modo, la manera en que decides vivirla: todo ello se traduce en voluntad y en actos (sin ellos para nada es la voluntad). Se crea entonces una división de personalidades, personas distintas, que siempre se sienten y viven del mismo modo, y personas que mezclan esos modos. Me refiero a lo siguiente:

De repente un día, se te clava en el corazón un sentimiento, muy bien expresado por Quevedo en sus poemas metafísicos…

“Ya no es ayer, mañana no ha llegado;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
que la muerte me lleva despeñado”

… Sientes que debes circular, moverte, por todas partes, a todas horas: te sientes como un “amoroso” de Jaime Sabines:

“Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan”.

O como Luis de Pablos, cuando dice que necesita:

“Necesito salir, por no quedarme
A solas conmigo mismo

Y con mis cosas”.


Otro día, ves que Garcilaso tiene razón (copla VIII, soneto I)…

“Cuando me paro a contemplar mi ´stado
y a ver los pasos por dó me han traído,

 hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado”

… Sientes resignación, te conformas y te sientes afortunado a veces, por librarte de muchas consecuencias que podían traerte el andar por la “cuerda floja”; dejas de ser un “amoroso”, para ser el tipo de hombre que debes ser, el que es aceptado.

Y ¡Zas!, qué habrá ocurrido (de todo o nada) para que te sientas otro día como Juan de la Cruz (canción III, copla II)…

“Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero

que muero porque no muero”

…Sientes que en ti ya no vives, porque has perdido algo o porque no has ganado nada, son esos días en los que debería ser mejor no tener la capacidad de albergar aquello que te hace ser quien eres en realidad, aquello que casi siempre te salva, pero que en ese momento te destruye.

Todo lo anterior puede llegar a hacer sentirte como Fray Luis de León en su Oda I (vida retirada):

“¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,

y sigue la escondida
senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!”.

Sientes que quieres desaparecer, que todo el movimiento que te hacía vivir te está destruyendo, y que nada te puede aportar ya.

Hay quien es constante en estos modos, se siente acorde solo con uno, vive a gusto desarrollándose dentro de él, de la misma manera siempre. Se ahorra problemas en realidad, pero el que vive todos a la vez, piensa: ¿Y lo que se pierde?
Mientras piensa en lo que se pierde quién se lo está perdiendo, él mismo (el que lo piensa) se pierde en esos modos. Es entonces cuando decide hacer algo al respecto, cuando decide situarse en alguna parte, elegir un modo, y respetarlo, serle más o menos fiel. Es el cambio del que hablábamos al principio. Mantenerse toda la vida en “la cuerda floja de los modos”, saltar de uno a otro, sin red que te sostenga al caer es agotador, insostenible; mientras tanto es gratificante y destructivo, es necesario para saber que existen otros modos (cuando hayas elegido uno); sino la paz elegida (de los “uni-modos”) será peor que la guerra (de los “multi-modos”): lo que pudo haber sido, y lo que nunca será.

Si Nietzsche no hubiese andado por la cuerda floja, no hubiese criticado, no hubiese elegido su modo específico de vivir y de expresarse, de sentir;  no tendríamos la fortuna de leerlo, y quizás el no hubiese sufrido ese lento suicido social, que el mismo reconoce ante su amigo Overbeck el 20 de mayo de 1885:
“Hasta ahora y desde mi más tierna infancia, no he tenido a nadie que compartiera conmigo la misma angustia en el corazón y en la conciencia. Esto me fuerza todavía hoy, a menudo, y con muy mal humor, a presentarme con el aspecto de una de las especies de hombre hoy permitidas y comprensibles. […] Mi existencia universitaria fue el largo intento de acomodarme a un medio falso; mi aproximación a Wagner fue lo mismo, aunque en dirección opuesta. […] Me he sentido irrisoriamente dichoso cuando he encontrado o creído encontrar con alguien un trocito o rinconcito común. Mi memoria se halla sobrecargada con mil recuerdos vergonzosos de tales debilidades en momentos en que no he soportado más la soledad. […] Sólo porque me falta el medio adecuado y tengo siempre que desempeñar una comedia, en lugar de reconciliarme con los hombres. El sentimiento de que hay en mí algo lejano y extraño, de que mis palabras tienen otro color que las mismas palabras en otras personas, de que en mí hay mucho plano multicolor que engaña, este sentimiento […] es todavía hoy el grado más exquisito de <<comprensión>> que he alcanzado”.

Finalmente Nietzsche y Wagner se abandonaron mutuamente, y mucho tiempo antes de que tal cosa sucediera ya se sabía, en cuanto Wagner percibiera el abismo existente entre sus aspiraciones (Nietzsche en carta a Malwida von Meysenbug, 14 enero 1880).
Me sirven para hacerme entender, para mostrar la importancia que tiene caminar sobre la cuerda floja, aun arriesgándote a perder determinadas cosas por el camino. Uno no debe cambiar por nadie, sino por uno mismo; y cuando llegue el momento (de elegir tu modo). Tampoco hay que perder la esencia, no podemos hacerlo de hecho (no debemos), del pesimismo de Schopenhauer saco que “Lo que es, ha de ser algo: una existencia sin esencia es impensable. Si un ser ha sido creado, entonces ha sido creado como está creado…”

Existen cosas tan exquisitas, placeres tan inmediatos, disfrutados por todo aquel que camina sobre la cuerda floja… Puedes ser tan sumamente feliz (y a la vez egoísta) buscando tu satisfacción personal constante…

No defiendo en ningún momento el egoísmo, o la bajeza del placer inmediato como deseo necesario; sólo como vivencias pasajeras, cuando caminas por esa cuerda, porque el día en que elijas un modo, deberás abandonar esas costumbres: al menos si tienes mínimas aspiraciones que requieran disciplina y que te obliguen a limpiarte del capricho.

Cuando hagas tu elección serás otra cosa: algunos lo definen como “ser adulto”, pero ¿qué es ser adulto?: la respuesta a esta pregunta es muy variada y personal, y no se trata de edad, pues si no supieras qué edad tienes, y nadie te lo hubiese dicho nunca, ¿qué edad crees que tendrías?

sábado, 5 de noviembre de 2011

LOS MATICES. 05/11/2011.




¡Qué molesto es eso de estar cagándose!... Y no en alguien en particular, sino literalmente: “Ahora tengo que levantarme, ir, apretar, después limpiarme…”.
Hay a quien le gusta el olor de su mierda, o de las mierdas en general, de todo hay en esta vida; aunque de estos últimos conozco a pocos, la verdad. Pero de los primeros conozco a más, a mi misma: Sí, me gusta el olor de mi mierda. Una vez supero ese gran impedimento que es emprender la “cagada”, una vez en el ajo, es una sensación gratificante. Yo pienso que estar estreñido es peor que otras muchas cosas que parecen más graves. Es la pérdida de un placer al alcance de todos que muy pocos disfrutamos.

Sin embargo hay mierdas que huelen muy mal, y ahora no lo digo literalmente, sino de una manera general. Al final mezclamos unas mierdas con las otras… y bueno, a veces salen cosas a veces nada, que cosas serán esas. Dejémonos de mierdas por el momento, tanta mierda me está provocando unas ligeras ganas de echar algo parecido por otra región corporal, que no se relaciona con la cloacal, aunque a veces está mucho más sucia; y puedo llegar a afirmar que pasan más mierdas por ahí (dialécticas y depravadas) que por el otro lado.

Al final se trata solo de matices (de matizar: rasgo poco perceptible que da a algo un carácter determinado). Y qué tendrá que ver esto con el placer de cagar… o de cagarla. Me remito a una experiencia, cuyo final podría haber sido una mierda o podría haberla cagado, pero al final nada fue:

Mientras leía un relato de Edgar Allan Poe, tumbada en la cama del revés: con los pies apoyados en la pared y la cabeza hacia el otro lado, acababa de apagar un cigarro encantado; y a mi alrededor unas velas encendidas. Un pavoroso olor a quemado inundó la habitación. Busqué, apagué las velas. No podía haberse quemado nada; escuchando de fondo Black Rebel Motorcycle Club, seguí buscando: por las habitaciones contiguas, olía aun más que en mi propia habitación. En un intento vano de descubrir de dónde procedía ese maldito olor, fui a oler la vela apagada, que se había consumido habiendo podido quemar el “plástico-metal” que la contenía. Me volqué toda la cera caliente en la cara, y en un pecho. Son unos exagerados estos sadomasoquistas…tampoco es para tanto.
Finalmente, decidí bajar y mirar fuera. Mi olfato persistía en el reiterante olor. Supuse que no podía ser del interior de la casa, sino de algún pasto quemado en el exterior, o de cualquier otra cosa. Revisé incluso mi pelo, por si accidentalmente lo había prendido; sumida en la lectura, envuelta por la inhumanidad prematura que me estaba siendo descrita.
Me pareció escuchar la puerta de la cancela, esperaba que llegase alguien, y nada. Empecé a pensar entonces, si lo que se estaba chamuscando era mi mente, mis engañosos sentidos, si había intrusos en mí: intrusos esquizoides. El olor desapareció y seguí leyendo.

Lo viví como una experiencia vital compleja; que proviene de algo simple. Por pensar en sus consecuencias inmediatas: por lo que hubiese podido ocurrir, o por lo que me estaba ocurriendo a mí.
Qué curiosos son los matices, y cómo deciden por nosotros:

“Un incendio, provocado por una drogadicta. ¡Qué gran tragedia!”. Tragedia moral, para los demás. Pues no hubiese sido nada: pequeño estropicio reversible, por un placer desprovisto de adicción (como el cagar).

Esa es la manera que tenemos de controlar los matices: “matizándolos”, la manera de vencerlos, en lugar de que por ellos seamos vencidos.
Casi siempre nos equivocamos de matiz, pero por acción o por omisión tendemos a hacerlo. Estamos obligados por nuestra propia naturaleza humana.
Matiz tras matiz. Si no hay un “tras”, hay un aislado matiz primario… ¿De cuántos matices se compone una vida?, ¿de uno, de muchos, o de ninguno en realidad? Quizás ella misma sea un gran matiz creado por nosotros mismos.

Fin de los matices, si continúo matizando estampo el bolígrafo contra la pared. He de reprimir este repentino instinto asesino, como en otras muchas ocasiones; que han de admitir tenemos todos. Se acabó, fin de esta historia, o lo que sea. No es nada, solo que no se acabar. Hay que saber parar, punto y final. Y cuando no sabes, acabas diciendo nada y punto.


Esa exactamente fue mi redacción en el momento del incendio mental, con matices incluidos. Y sin saber poner punto y final a algo que nunca debió empezar, pues ahora veo matices por todas partes, y no me gusta esquematizar algo tan singular, como cualquier cosa que merezca serlo. Como dice Sabina, “por no tener, no tengo ni edad de merecer”. Pues no, no lo merezco; esa posesión de una estructura mental que estructura todo y pone orden a todo, menos a la vida que le da vida.
Y es que cuando descubres que todo se mezcla, si sigues matizando te vuelves loco, es mejor no ver nada tal y como es o como crees que es, sino dejarle lugar a interpretación siempre: un breve análisis, con velcros para que vayan pegándose cosas. Y ahí ya estas volviendo a matizar, entonces qué haces: ¿voy a cagar o me espero?, ¿me gusta cagar o es un coñazo? Cagas y punto, intentas disfrutar sin pensar que te gusta, solo pensando que estas cagando y que en ese momento te está gustando, pero que no te gusta por norma general. Así cada cagada es una experiencia nueva, una puerta misteriosa.

A mí me gusta conducir, a veces me voy a dar vueltas sin compañía y hacia ninguna parte. Mi madre dice que de pequeña no paraba de llorar hasta que me montaban en el coche de madrugada y entonces me dormía… En aquel momento me gustaba montar en coche, desde los 9 a los 13 años aproximadamente, siempre vomitaba, y claro era un factor importante para no querer montarme, y después de nuevo me encanta. ¿Será porque me siento estática pero dinámica a la vez? ¿Será fruto de esa “mezcla”?.

Es entonces la “mezcla”, ese misterio que se crea al saber que existen matices, pero que ni los tenemos en cuenta, para ser “virginis” cada vez… Porque  como dice el William Wilson de E.A. Poe: “Esta época, estos últimos años han sido una repentina elevación hacia la depravación; las personas suelen envilecerse gradualmente”.

Es esa “virginilidad artificial” la que me sigue haciendo feliz, pues como escribió Nietzsche en el prefacio de uno de sus libros (cómo se filosofa a martillazos): “conservar en los problemas sombríos y de abrumadora responsabilidad la alegría serena, es cosa harto difícil, y, sin embargo, ¿hay algo más necesario que la alegría serena? Nada sale bien si no participa en ello la alegre travesura”

martes, 3 de mayo de 2011

EN LA BOCA DEL LOBO. 03 / 05 / 2011.



Ya que pronto son las elecciones municipales, se me han venido a la cabeza la corrupción y el desencanto. ¿Por qué será?
Puede ser porque nos metemos en la boca del lobo, nos chocamos con aquello de lo que una vez huíamos, nos tropezamos con la misma piedra.
Si han leído el capítulo IX del ensayo sobre el gobierno civil de John Locke (y no el de la serie Lost), pueden observar cómo Locke expone el estado natural del hombre como estado ideal, pero no posible por la condición de enfermedad del propio ser, esto es causado por la corrupción y la maldad de los hombres degenerados.
Por lo tanto, el hombre renuncia a los privilegios del estado natural (Absolutamente libre), merma su libertad a cambio del control del poder político. Es decir, “en estado de naturaleza, todos son reyes”, por lo tanto el hombre está deseoso por unirse en sociedad, para así combatir la incertidumbre y la inseguridad de vivir con la amenaza constante de la invasión; preservando su propiedad, en un sentido muy amplio (Vida, libertades y posesiones), es por ello por lo que existen los estados y gobiernos, la “política”.
Preservar la propiedad en estado de naturaleza es imposible, pues no hay una ley aceptada y consensuada (ley natural VS intereses propios), no existe un juez imparcial con autoridad, ni tampoco un poder ejecutivo que obligue a cumplir las leyes (cuando éstas son “justas”).
Entonces, el hombre renuncia al poder de castigar, cediéndolo así a un organismo, pues al margen de la libertad, existen dos poderes: en primer lugar, dentro de la ley natural, el hombre puede hacer todo lo que le parezca oportuno para preservar su vida y la de los otros, y en segundo lugar, el hombre tiene el poder personal de castigar los crímenes cometidos contra la ley natural.
Llegados a este punto, si el hombre renuncia a esos dos poderes, entregados al poder legislativo y al poder ejecutivo, respectivamente; la sociedad está obligada a asegurar la propiedad del estado de naturaleza, procurando la paz, la seguridad y el bien del pueblo, impidiendo la agresión e injuria externa.
Tras este repaso por dicho capítulo, suponiendo que nos agrade su teoría, la cual califica como origen del derecho original, valga la redundancia; entonces, ¿Por qué somos corruptos huyendo de la corrupción?, ¿por qué una sociedad enferma, si se le dio su medicina?
Según Robert Trivers, considerado como uno de los 100 pensadores más influyentes del S. XX, por la revista Times (profesor de antropología y ciencias biológicas en la universidad de Rutgers y profesor de psicología en la universidad de Harvard), “el engaño es inherente a la vida”, y además afirma que “tenemos una capacidad tremenda para inventar sistemas de creencias sesgadas en las que, pese a todo, creemos sinceramente”. Y si lo pensamos, “cuando empezamos a comunicarnos entre nosotros mediante el lenguaje aumentaron muchísimo las posibilidades de engañarnos los unos a otros”. Qué curioso, prevalece el autoengaño engañador, y ahora verán por qué.
Este pensador se basa en sus ideas acerca del altruismo recíproco y de la necesidad de un esfuerzo parental conjunto para la supervivencia de nuestra especie. Señala, que la compasión por los demás tiene una larga trayectoria en la historia evolutiva. Nos interesa tener una buena relación con otros, con desconocidos, con los que interactuaremos en el futuro, por si necesitamos de su ayuda más adelante. Por lo tanto, deducimos que la selección nunca delimitó estrictamente los límites de esta compasión. Después de esto, sabemos también que empatizamos con el sufrimiento humano.
La versión negativa de Robert Trivers del mismo fenómeno, es la siguiente: líderes políticos contando mentiras, llevando a cabo políticas vergonzosas; es eso lo que consume las fantasías de poder devolver el “favor” de algún modo.
De todo esto sacamos en claro que de una manera u otra interactuamos, pero en este caso “interactuar” se refiere a intercambiar beneficios entre nosotros a un coste determinado. El problema con este sistema es, muchas veces, que la gente se siente tentada a obtener los beneficios y olvidar el coste. Puedo aceptar tu altruismo, pero también puedo fingir que soy altruista a cambio y no serlo en realidad, aprovechándome de ti. Por eso, “la selección natural ha favorecido nuestra susceptibilidad hacia los tramposos”, es nuestro modo de protegernos.
Si las trampas se repiten un día tras otro, un mes tras otro, desequilibra las relaciones, y puede suponer un gran coste en nuestras vidas…
Sentimos emociones muy intensas contras los tramposos. Necesitamos que sean castigados. Es esto lo que genera aversión en el resto de nosotros, cuando por un lado tenemos a la clase política que no castiga a los tramposos de su misma calaña, y por otro lado, cuando se castiga excesivamente a otro tipo de tramposos. Nuestra sociedad es muy hipócrita, porque no hay que olvidar, que además de esto, cuando somos nosotros mismos los que somos injustos, entonces es otra historia. En general, estamos más que dispuestos a tener una relación injusta en la que es otro el que sufre la injusticia y, además, negamos que nuestra conducta sea así…nos autoengañamos.
Biológicamente, al cerebro le resulta menos costoso autoengañarse que ser consciente del engaño, pues consume menos energía, ya que al ser consciente del engaño está creando una contradicción en sí mismo.
Definitivamente, el autoengaño evoluciona para que el engaño a los demás sea más eficaz y menos costoso; al menos durante un tiempo… a la larga, ¡puede desencadenar un desastre!
Con la ayuda de dos personajes alejados cronológicamente, pero que son conscientes de lo mismo (era y es), vemos como la corrupción y el autoengaño del que una vez huíamos se convierte en enfermedad crónica, siendo todo un feed back positivo, como es el caso de la dilatación del cuello del útero y de la liberación de oxitocina, lo cual determina una mayor dilatación del útero a la hora del parto, pero en este caso (político), en lugar de hacernos vivir, nos ahoga.
¿Cómo paramos este sistema que opera por retroalimentación positiva, en el cuál la respuesta refuerza o intensifica el estímulo?
La posible solución nos lleva a otra discusión: Voto / no voto.
Los acontecimientos hay que analizarlos en su contexto, en este caso la democracia.
Todo aquel que ya no sabe ni para donde mirar, que cierra los ojos para no ver la oscuridad, posiblemente se decante por no votar, o por votar en blanco.
Puesto que tomando la segunda determinación acabas favoreciendo a quién seguramente no deseabas, entonces qué hacemos, ¿no votamos?
El voto es el único arma que tiene un ciudadano, pero si considera que ninguna de las opciones planteadas coinciden con la realidad; ya sea por su imposible cumplimiento, o por sus reiterativos incumplimientos anteriores, ¿qué opciones nos quedan?, y más ante un claro bipartidismo.
En mi opinión, no votar, es una falta de espíritu cívico, y se lo digo con respeto: “no está usted cumpliendo el espíritu de la actitud democrática de votar”.
El gran problema, es que la mayoría de los votantes no llegan a hacer un análisis profundo que se corresponda con la realidad, y van a las urnas con una predisposición o guía, causante de un bipartidismo descarado.
Independientemente de que exista una ley electoral obsoleta, con desigualdad en el recuento, que promueve las mayorías…Hay que analizar con seriedad, dejando a un lado el signo político, hay que fomentar el análisis de las propuestas electorales y de la realidad deseada, y además hay que crear algún tipo de movimiento para evitar su incumplimiento; dejando atrás aquellas palabras de un antiguo político español, del principio de la democracia (“el viejo profesor”): “las promesas electorales son para no ser cumplidas”. Tiene que ser posible conseguir un movimiento ciudadano.
Cuando se consiga que al menos un 30 % de los componentes de este estado analicen en profundidad, nos aproximaremos al espíritu del cumplimiento electoral; Y sus líderes tendrán la certeza de que pediremos cuentas.
Hacen falta espíritus críticos, hace falta cultura y capacidad, pues el conocimiento desemboca en crítica. Es necesario promover este sentimiento, en una sociedad preparada como la nuestra, igual que es necesario también derrocar ese sentimiento de desencanto de la “mayoría”, verlo como una minoría, pues la mayoría es gente honrada, sino cunde el desengaño; Y debemos exigir a esa minoría que la vigilaremos.
La clave está en el movimiento de uno en uno, de gente con inquietudes y formación, que en este país hay mucha.
En definitiva, es el mismo cuento de siempre: EDUCACIÓN, FORMACIÓN, PROMOCIÓN, SERIEDAD, ANÁLISIS PROFUNDO, CRÍTICA, ABSTRACCIÓN, PRESCINDIR DEL SIGNO POSIBLE Y ESCAPAR DE LAS PROMESAS ILUSAS, todo esto es necesario para curar a una sociedad corrupta en su “minoría”. Y sobre todo, visto lo visto, es muy necesario alcanzar los medios para OBLIGAR A LOS CANDIDATOS A ESCLARECER SUS PROPOSICIONES Y A CUMPLIRLAS.

miércoles, 2 de marzo de 2011

LAS HOMOLATAS. 02/03/2011

Algunos científicos, estudiosos de lo biológico-tecnológico, divulgadores, etc. Sostienen que la biología se unirá con la tecnología de tal forma que serán indistinguibles, convirtiéndose nuestra especie en algo distinto, muy distinto a todas las demás; que hasta ahora por cierto no lo es, al menos no tanto como nosotros pensamos.
Es cierto que vamos de la mano de la tecnología, es cierto que la especie humana ha poblado todo este mundo de tal manera que casi falta espacio, y aquel que está ocupado, a veces, lo hacemos insostenible.
Sin embargo, una especie que tanto es capaz de hacer, qué poco provecho se saca, aunque no generalizo, ya que se suele utilizar la generalidad como concepto, tampoco me gusta pre-conceptualizar, aunque en este caso poco puedo hacerlo, pues nos preceden bastantes años de experiencia, y la historia habla, aunque sea interpretada, o a veces olvidada, pero nadie puede negar que de una forma u otra se repite.
No vengo hoy a escribir sobre un tema de gran interés, simplemente sobre las latas de conserva. Y dirán ustedes que para qué coño he escrito todo lo anterior; pues precisamente para indicar nuestra inconsciente fusión con lo material, con lo inventando por nosotros mismos.
Necesitamos organizarnos de alguna forma, somos muchos, muy distintos, por lo tanto tendemos a hacer una superestructura de todo, y posteriormente la vamos descomponiendo, pero todo este proceso lleva consigo repercusiones, o ventajas depende de quién lo mire y de cómo se mire. Desde luego hay superestructuras anárquicas en nuestras mentes, no todo es blanco o negro, es más, casi nada lo es.
Escribo sobre las latas de conserva porque escribo sobre nosotros mismos, tienen hasta fecha de caducidad; aunque afortunadamente la nuestra, desde hace aproximadamente 150 años es algo más permisiva, ya tenemos tiempo de pensar en la felicidad, el amor, el arte, la ciencia…tiempo incluso para tener más problemas de la cuenta; todo ello hasta caducar, perecer, desvanecer, desaparecer…como quieran llamarlo, pónganles el nombre que menos miedo les dé.
Llegados a este punto, busquemos entonces más similitudes con nuestras amigas las latas.
Si llevan mucho tiempo guardadas, al no abrirlas al mundo, finalmente acaban pudriéndose, aunque ellas no en realidad, su interior: contenido, no continente. Exactamente igual pasa con las personas y su continente (superestructura mundial reducida: países), aunque en este caso, la putrefacción de los sentimientos y vivencias es algo más complejo que la putrefacción de un país, pues si algo huele mal es porque nunca llegó a oler bien quizás.
Sin embargo, claro está que un país abierto al mundo reduce sus posibilidades de necrosarse.
Se supone que la política exterior moderna debe obedecer a criterios de Estado; a una percepción de la síntesis histórica de la ubicación de un país en el mundo, a una lectura adecuada de los desafíos de la globalización y de su impacto en la vida de cada uno de los individuos de una nación.
En realidad no entiendo mucho de este tema, por lo tanto no voy a dar la tralla con él, pero pensemos si nuestro país, para no ir más lejos (tampoco sabemos hacerlo) anda bien encaminado, o anduvo, o andará.
Por otra parte, el atún (enlatado) no se mezcla él solito, por su propio pie con la piña (enlatada también), claro no tiene pies. Nosotros, aun teniéndolos (pies) tampoco lo hacemos, tendemos a enlatarnos en alguna parte y de ahí no salimos, ni nosotros, ni nuestra cabeza.
Hay algo más de las latas que hemos adquirido, y parece que nos encanta: las etiquetas.
Lata de conservas: ¿Etiqueta? marca o señal que se coloca en los productos para su identificación, valoración, clasificación, etc.
Homo sapiens sapiens: ¿Etiqueta? calificación identificadora de una persona en cuanto a su carácter, dedicación, profesión, ideología, etc.
Igual que las susodichas latas son etiquetadas al ser creadas para una función en particular, a nosotros, al nacer, nos etiquetan, sin saber cuál es nuestra función, pues dicha función la desempeñamos mientras vivimos, y de algún modo es el propio etiquetado el que se ocupa de elegirla, o quizás no desempeñamos ninguna función, solo interpretamos un papel, dentro de una función, que no es la misma función anterior, ni la función de las latas, ni sé de qué función hablo ya…
La primera etiqueta: el nombre. Nuestros nombres nos los endilgan, a veces parece que hasta con maldad, o no me digan que no conocen a algún…no quiero ofender, piensen ustedes mismos. El caso es que a partir de esta primera etiqueta ya no paramos de recibir una detrás de otra, al igual que etiquetamos a otros.
Hay quien ni siquiera hace nada de eso, pero inevitablemente está expuesto a recibirlo, y qué más da. Lo importante es lo que hagamos nosotros con las etiquetas de los demás, no lo que hagan los demás con las nuestras, pues mientras procedamos de manera que no hagamos daño a nadie, lo que parezcamos o no, a mi al menos me importa bien poco. Aunque alguna vez me han dicho: “no sólo hay que ser, sino también hay que parecer”. Qué asco me da esa frase, pero que cierta es, adaptada a nuestro mundo de latas de conservas, claro está, sino sería una puta mierda de frase. Por lo tanto, una puta mierda de frase que puede ser perfectamente adaptada, aceptada y avalada en un lugar, indica que ese lugar es una puta mierda, y lo mismo los que lo habitan. Claro que, aparte de putas mierdas, como dije antes casi nada es blanco o negro, por lo tanto, esperemos que lo gris solo sea un poco mierda, porque vaya tela con las mierdas: cosa sin valor o mal hecha, persona sin cualidades ni méritos (RAE).
Una vez, en una película romanticona (sí, las veo) dijeron algo así como: “…porque no hay que poner etiquetas, no hay que decir novio/a, amigo/a, marido/mujer; llega un momento que no ves más allá de la etiqueta, no ves a la persona…”
Me marcó bastante la frasecita barata de comedia amorosa, es más cierta que la anterior (ser y parecer), la que era una puta mierda, pero no más adaptada, ni aceptada, ni avalada.
Y en realidad, después de todo, es mejor no pensar, dejar fluir lo natural, y si es etiquetar, pues nada: una puta mierda más que fluye por nosotros y que se verá equilibrada por otra algo menos mierda (gris), que espero, alberguemos la mayoría.
He dicho “se verá equilibrada”, vaya manía la de equilibrar. A las latas las dosifican, para comercializarlas según las normas establecidas por la superestructura: equilibrio. Y a nosotros, ¿quién nos dosifica?, ¿qué superestructura establecerá las normas?, ¿con qué función?, ¿por qué con fecha de caducidad?
Por mucho que haya querido hacernos ver como algo tan simple (lata), sigo sin respuestas a estas preguntas, al igual que todos vosotros, pues una simplicidad puede llegar a ser muy complicada, así que mejor no complicarla más. Dejémonos de latas, dejémonos de querer corregir siempre los desequilibrios, la vida es un desequilibrio.

viernes, 21 de enero de 2011

AL FREÍR PATATAS. 20/01/2011

Al freír patatas, si ponemos demasiado aceite en la sartén y las echamos antes de tiempo salen “saturadas".

- Saturación: hidratos de carbono, ideas, relaciones, acontecimientos…
- Saturados: patatas, individuos, sonidos, sentimientos…
RESULTADOS: aburrimiento, desencanto, cansancio…

Si al echar nuestro aceite “dosificamos” la cantidad y vertemos las susodichas patatas en su justo momento, finalmente son exquisitas.

- Dosificación: patatas, monotonías, actos…
- Dosificados: hidratos de carbono, monótonos, temperamentos…
RESULTADOS: emoción, expectativas, ilusión…

• Los hidratos de carbono tienen su renombre en la cocina, pero tras saturarlos, al ser saturados los llaman patatas…
• Las patatas en la ciudad de la cocina son sólo patatas...acompañan a cualquiera, son baratas; Cuando decidimos dosificarlas para saborearlas, pretendiendo no enaltecer nuestro tonelaje en demasía…pasan a llamarse hidratos de carbono.

Ser un hidrato de carbono y nunca una patata barata, lo mismo es que no es lo mismo.
¡Cuidado de quién te rodeas…cuidado con quién eres!

jueves, 6 de enero de 2011

EL INOCENTE ENGAÑO. 06/01/2011

¿No es injusto que esta sociedad, nuestra propia cultura…nos permita crecer con la inocencia de que vivimos en un cuento sin fin?
Es una crueldad consentida, teniendo en cuenta que como le indica el difunto Jan Olav a su hijo Georg en el libro de Jostein Gaarder: “al elegir vivir, elegimos morir”.
Cuando vivimos soñando con algo improbable, vivimos albergando una esperanza. Dicen que la “esperanza” es lo último que se pierde; pues sí, pero es más lógico pensar que se pierde porque es lo último que albergas y tú mismo te pierdes, en lugar de pensar que la esperanza se pierde por sí sola. Hablo de la esperanza de otra vida, de otro cuento sin fin, de no desaparecer eternamente.
Es algo conmovedor, y sorprendentemente hay millones de personas que no llegan a conmoverse, porque ni siquiera lo contemplan. Por lo tanto, partiendo de la base de que tantos ciudadanos del mundo no se ponen las gafas de ver, ¿cómo vamos a evitarle ese engaño, esa estafa a los que vienen?
El ser humano (en su mayoría), se caracteriza por tener miedo a la “no verdad”, pero esas verdades que llevan repartiéndose por todo nuestro ser desde hace tanto… ¿quién las hizo verdad? Las verdades cambian, pues ni si quiera sabemos lo que es verdad; más bien, cada uno tiene su verdad y lo “verdaderamente” interesante de todas ellas es lo que sacamos al compartirlas.
Al igual que las verdades, el mundo cambia. Conocemos más aquello que no acabamos de conocer; y por tanto deberíamos impulsar más el cambio: de pensamiento.
Llegados a este punto, me encuentro ante un dilema; de fácil o difícil solución, dependiendo de la sensibilidad de cada uno:
A nosotros nos plantan aquí: ahí tienes un mundo para ti, una vida, unos seres queridos. Y nadie nos dice: un día, cuando llegue el momento tendrás que abandonarlo, para desaparecer eternamente; y lo único que puedes hacer contra ello es albergar una “esperanza” de que tu desaparición no será eterna: tímida para los más valientes, grande para los más cautelosos y única para los que no ven más allá, los que no miran hacia donde no les han dicho que miren.
Pero, tan cruel o más sería destrozar al niño inocente de Nietzsche antes de tiempo, que seguir permitiendo el “inocente engaño”.
Entonces… ¿qué hacemos? : ¿Engañamos a los nuevos para que ellos solos aprendan a través de la observación y de los errores en su conjunto, como hemos hecho y hacemos todos nosotros?, o por el contrario, ¿construimos adultos prematuros?
Tampoco sería sensible revelar a un niño la presencia de puertas abiertas al final del cuento; cuando ni siquiera somos capaces de decirles quienes son los “verdaderos” reyes magos. Al fin y al cabo, cuando lo descubren tampoco es tan dramático.
Lo ideal entonces, podría ser unir ambas “verdades” y compartir la “verdad”, para que al dejar de ser inocentes no tengamos por qué pasar por ser camellos; y finalmente hayamos tenido en nuestras manos un alto porcentaje de posibilidades de ser superhombres: “la afirmación enérgica de la vida, creador y dueño de sí mismo y de su vida, un espíritu libre…”

martes, 7 de diciembre de 2010

EL TALÓN DEL JUSTO MEDIO. 11/10/10

Aristóteles dijo que en el justo medio está la virtud, y de hecho para mí esa revelación ha sido siempre como el abecedario, pero hoy cuando venía en el autobús, de repente le he encontrado su talón de Aquiles. Dependiendo, claro, si Aristóteles hubiese estado dispuesto a aplicar su justo medio en el siguiente caso:
Una vez más, reflexionando sobre la vida, la muerte, el ser humano, y todo lo que conlleva serlo; he llegado a una conclusión: “envidiando” a los que no sufren por ello, porque su ignorancia no se lo permite y extrapolándome al otro extremo: los que lo sufren en algún momento, pero lo superan porque su capacidad les permite hacer ambas cosas. Entonces, ¿qué queda en el justo medio? Pues ateniéndonos a las matemáticas, por regla de tres, quedan los que lo sufren pero no lo superan: los “débiles”. Y como en el caso de la vida y la muerte, con todo lo demás.
Queda en el justo medio precisamente algo muy distinto a ser virtuoso: la debilidad. Supongo que el justo medio de Aristóteles pretendía ser aplicable únicamente a los adjetivos: cobarde o temerario, en el justo medio el valiente.
Aprovechando esta reflexión, quizás sin sentido o poco compartida, me gustaría transmitir mi sentimiento acerca de la educación social de nuestro siglo, desprovista en muchos casos de la importante y antigua triada de valores: ser buena persona, dar a cada uno lo que es suyo y no hacerle daño a nadie. Si todos fuésemos conscientes de que una buena trayectoria y una buena sociedad se construye justo con tres sencillas pautas a seguir, ese justo medio (debilidad) del que hablo quizás fuese mucho menor de lo que es, porque todos estaríamos más preparados para afrontar la vida y afrontar estar en el mundo, lo cual es una tarea complicada que puede hacerse sencilla.
Seguramente, todo esto que acabo de soltar lo saben más de los que lo llevan a cabo, pero para empezar somos una sociedad divida, y eso es sinónimo de debilidad; y para terminar, como dijo Gustave le Bon: las voluntades débiles se traducen en discursos; las fuertes en actos.
Quizás sea un planteamiento de mierda, o una hipótesis poco consistente, pero de momento, con 21 años es la que tengo.

martes, 23 de noviembre de 2010

LA MODERNIZACIÓN FINGIDA. 22/11/10


La religión ni me va ni me viene y la iglesia ni me gusta ni me disgusta. Por una parte me parece el mayor negocio, y por otra la mayor ONG del mundo. Gracias a que está rodeada de gente con fe, puede ser tanto una cosa como la otra: sin adeptos no hay negocios, y sin fe no hay voluntad. Hay mucha gente que realmente aporta sus servicios a la comunidad, respaldados por su fe. Hay muchos adeptos también que ya no saben ni en qué creer.

Todas las grandes empresas necesitan de socios, y entre los socios hay altruistas, los que menos ganan materialmente y más personalmente.
A la vista está que no me decanto ni por alabar ni por criticar a la iglesia, a cada uno lo que es suyo, pero hoy vengo a criticar: Benedicto XVI aprueba el uso del condón, pero sólo en casos especiales (evitar el contagio de SIDA). ¡Qué bueno sería que todos supiéramos lo que tenemos y que todos lo confesáramos!
Si lo acepta sólo en ese caso, debe pues aceptarlo para cualquier relación sexual que se dé entre dos personas de forma esporádica; suponiendo en todo caso que en las relaciones estables exista fidelidad.
En una sociedad en la que la escasa natalidad no es provocada por el uso del preservativo, sino por el estilo de vida, no tienen sentido estas declaraciones, pues para el dogma eclesiástico lo importante es la procreación. Nuestro país, por ejemplo, es un país envejecido, cuya imagen es la de una pirámide invertida; debido a las bajas que hubo en la guerra civil y a nuestro ritmo de vida.
Estamos criados en la generación del libertinaje, en la de “hoy esto y mañana ya veremos”. ¡Qué procreación ni descendencia esperan de esto!
El condón es nuestra mejor garantía: locos y carnales, pero sanos.
Si su declaración la adaptamos a un lugar donde sea evidente la necesidad del preservativo: África, pues en los países desarrollados es algo tácito, sigue siendo un acto que además de contradictorio en sí mismo; por el matiz que incluye y por la ideología de quién lo expresa, es la prueba hasta ahora que mejor saca a la luz la parte interesada de la iglesia.
Todo aquello que fue creado en algún momento y quiere seguir vivo tiene que adaptarse a los tiempos, y la iglesia no va a ser menos. La remodelación que hace de sí misma es por no perder adeptos y por agradar a una sociedad que cada vez la ve más anquilosada.
No son palabras infundadas las mías, aunque no significa que sean acertadas, pero si nos paramos a analizar la actitud del papa anterior y la del propio Benedicto XVI hace un año ante la misma cuestión, encontramos lo siguiente: Juan Pablo II desautorizó en 1996 un documento publicado por la Conferencia Episcopal francesa que defendía el uso del preservativo para evitar el contagio del SIDA.
Ratzinger se negó a avalar el condón como método para enfrentarse al SIDA que abate al continente africano. Esto ocurrió el año pasado durante su viaje apostólico a África. Por ello fue objeto de grandes críticas.
Lo que fue negado por ambos, es justo lo que ahora plantea Benedicto XVI. Dicho Pontífice, además, es el que más duro se ha mostrado a la hora de enfrentarse a los escándalos de pederastia que han salpicado a la iglesia.
Dicen que esto muestra que tiene una firme voluntad por acercar a la iglesia al mundo real. Yo creo que más bien se trata de una estrategia de mercado: los católicos que estuviesen defraudados estarán conformes, y los no católicos mirará de otra forma a la iglesia.
Encima, la Agencia de Naciones Unidas para el SIDA está agradecida, pues “desgraciadamente” es un paso significativo y positivo: la iglesia manda.
Al menos, este marketing puede salvar millones de vidas, particularmente en África, y eso es lo que importa.

lunes, 15 de noviembre de 2010

EL DaSALTAMIENTO. 15/11/2010

Se preguntarán que cuál es el significado de la palabra DaSaltamiento. Es simple, al igual que lo que encierra en sí. Si descomponemos la palabreja, como podemos descomponer José y Luis del nombre propio, encontramos lo siguiente: Da, que lleva consigo la predisposición del poseedor / a de dicha atribución a emplear una actitud y cumplir con una “misión” nocturna o diurna, aunque normalmente se desarrolla bajo el toldo de estrellas. Pongamos pues que en el “prefijo” Da- va impresa la intención. 
Veamos ahora entonces intención de qué, sacando a la luz el significado del “sufijo” –Saltamiento. Podríamos definirlo como acto a través del cual un individuo tiende a entrar en terreno sexual-ocio-festivo, irrumpiendo más allá de la línea invisible de la entidad corporal social, ilegitimando así la distancia prudente entre dos entes.
Por lo tanto, un DaSalta es toda aquella persona que tiene esta actitud en la vida.
Llegados a este punto y sabiendo sin saber el significado de la palabra en cuestión, podemos concluir y decir: ¡hay que ver la juventud de hoy en día!

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Jamás, en este amante, la sazón del racionero comedido. Escucha el acto -precipicio impuro- y no el retoque del prejuicio noble.