martes, 23 de noviembre de 2010
LA MODERNIZACIÓN FINGIDA. 22/11/10
La religión ni me va ni me viene y la iglesia ni me gusta ni me disgusta. Por una parte me parece el mayor negocio, y por otra la mayor ONG del mundo. Gracias a que está rodeada de gente con fe, puede ser tanto una cosa como la otra: sin adeptos no hay negocios, y sin fe no hay voluntad. Hay mucha gente que realmente aporta sus servicios a la comunidad, respaldados por su fe. Hay muchos adeptos también que ya no saben ni en qué creer.
Todas las grandes empresas necesitan de socios, y entre los socios hay altruistas, los que menos ganan materialmente y más personalmente.
A la vista está que no me decanto ni por alabar ni por criticar a la iglesia, a cada uno lo que es suyo, pero hoy vengo a criticar: Benedicto XVI aprueba el uso del condón, pero sólo en casos especiales (evitar el contagio de SIDA). ¡Qué bueno sería que todos supiéramos lo que tenemos y que todos lo confesáramos!
Si lo acepta sólo en ese caso, debe pues aceptarlo para cualquier relación sexual que se dé entre dos personas de forma esporádica; suponiendo en todo caso que en las relaciones estables exista fidelidad.
En una sociedad en la que la escasa natalidad no es provocada por el uso del preservativo, sino por el estilo de vida, no tienen sentido estas declaraciones, pues para el dogma eclesiástico lo importante es la procreación. Nuestro país, por ejemplo, es un país envejecido, cuya imagen es la de una pirámide invertida; debido a las bajas que hubo en la guerra civil y a nuestro ritmo de vida.
Estamos criados en la generación del libertinaje, en la de “hoy esto y mañana ya veremos”. ¡Qué procreación ni descendencia esperan de esto!
El condón es nuestra mejor garantía: locos y carnales, pero sanos.
Si su declaración la adaptamos a un lugar donde sea evidente la necesidad del preservativo: África, pues en los países desarrollados es algo tácito, sigue siendo un acto que además de contradictorio en sí mismo; por el matiz que incluye y por la ideología de quién lo expresa, es la prueba hasta ahora que mejor saca a la luz la parte interesada de la iglesia.
Todo aquello que fue creado en algún momento y quiere seguir vivo tiene que adaptarse a los tiempos, y la iglesia no va a ser menos. La remodelación que hace de sí misma es por no perder adeptos y por agradar a una sociedad que cada vez la ve más anquilosada.
No son palabras infundadas las mías, aunque no significa que sean acertadas, pero si nos paramos a analizar la actitud del papa anterior y la del propio Benedicto XVI hace un año ante la misma cuestión, encontramos lo siguiente: Juan Pablo II desautorizó en 1996 un documento publicado por la Conferencia Episcopal francesa que defendía el uso del preservativo para evitar el contagio del SIDA.
Ratzinger se negó a avalar el condón como método para enfrentarse al SIDA que abate al continente africano. Esto ocurrió el año pasado durante su viaje apostólico a África. Por ello fue objeto de grandes críticas.
Lo que fue negado por ambos, es justo lo que ahora plantea Benedicto XVI. Dicho Pontífice, además, es el que más duro se ha mostrado a la hora de enfrentarse a los escándalos de pederastia que han salpicado a la iglesia.
Dicen que esto muestra que tiene una firme voluntad por acercar a la iglesia al mundo real. Yo creo que más bien se trata de una estrategia de mercado: los católicos que estuviesen defraudados estarán conformes, y los no católicos mirará de otra forma a la iglesia.
Encima, la Agencia de Naciones Unidas para el SIDA está agradecida, pues “desgraciadamente” es un paso significativo y positivo: la iglesia manda.
Al menos, este marketing puede salvar millones de vidas, particularmente en África, y eso es lo que importa.
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Jamás, en este amante, la sazón del racionero comedido. Escucha el acto -precipicio impuro- y no el retoque del prejuicio noble.

mirate este forrash http://documentales.videosyonkis.com/online/zeitgeist-2007/
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