lunes, 7 de mayo de 2012

LA CUERDA FLOJA. UNA DISCIPLINA MUY FUERTE PARA LA CABEZA. 06/05/2012.


Cuando te percatas de que no eres nadie sin el elixir del movimiento constante, te ves obligado a caminar sobre una cuerda floja (Walk the line, si te gusta Johnny Cash), donde te sientes un animal impuro (como los de José Luis Cuevas); Viendo que “todos somos monstruos, o más bien, nadie es monstruo pues todos lo somos” (opina Vargas Llosa sobre dichos animales).
A pesar de que la expresión “estar en la cuerda floja” nos haga pensar en reminiscencias circenses, lo cierto es que se trata de una expresión muy castellana asociada en sus orígenes a los procesos judiciales. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con los tribunales, solo con el juicio (mental: sano, insano) de uno mismo (juicio y prejuicio).

Dice el protagonista (Felipe Núñez) del libro de Federico Cañada Sainz (el paraíso de los hombres solteros, 1964): “es difícil ser justo. Para ser uno justo con los demás, a veces, es necesario ser injusto con uno mismo. Y la verdad…”
Y la verdad es esa, que si caminas por la cuerda floja (de la manera en que yo la entiendo) es difícil ser injusto con uno mismo. Puede sonar a injusticia en un sentido muy abstracto, pues es muy amplio el concepto. Quizás esté nombrando mal a las piedras literarias que voy lanzando por el camino, a través del cual he de llegar al trasfondo de todo esto, utilizándolas en definitiva (piedras) para hacerme entender. No obstante, espero llegar a buen fin, por algún lado he de comenzar, y más me vale ordenar lo que voy a relatar, pues mucho se puede enredar:

Supongo que no soy la única persona a la que le sucede poder llevar una vida relajada (aparentemente), aunque mi cabeza (con vida propia) lleve una vida más acelerada, no para, y no puedo evitarlo. Entonces, la vida que llevas no es realmente una vida relajada, sino agotadora. Cuando te agotas decides que tienes que cambiar, y que además tienes que pensar menos (es una trampa), y justo cuando estás dispuesto a hacerlo, sacas energía de no sé donde (eres joven: espiritualmente) y vuelve el ciclo a repetirse (feed-back positivo). Finalmente, llegará el día en que salgas de ese ciclo, rompas con él (supuestamente de manera definitiva), será el día en que te conviertas en alguien más práctico, rutinario, el día en que adquieras muchas más responsabilidades de las actuales; Ese día habrás cambiado (el resultado de la suma de todos los días). Y también hay quién apenas cambia.
Yo, personalmente, estoy muy de acuerdo con lo que dijo Elliot Gould: “Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar”, por lo que la última posibilidad (no cambio) no me vale.

Y qué tiene qué ver todo esto de los cambios con estar en la cuerda floja…se preguntará más de uno:
Cuando sientes intensamente la vida como lo que es (irreversible), te aflora también (día a día) del mismo modo, la manera en que decides vivirla: todo ello se traduce en voluntad y en actos (sin ellos para nada es la voluntad). Se crea entonces una división de personalidades, personas distintas, que siempre se sienten y viven del mismo modo, y personas que mezclan esos modos. Me refiero a lo siguiente:

De repente un día, se te clava en el corazón un sentimiento, muy bien expresado por Quevedo en sus poemas metafísicos…

“Ya no es ayer, mañana no ha llegado;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
que la muerte me lleva despeñado”

… Sientes que debes circular, moverte, por todas partes, a todas horas: te sientes como un “amoroso” de Jaime Sabines:

“Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan”.

O como Luis de Pablos, cuando dice que necesita:

“Necesito salir, por no quedarme
A solas conmigo mismo

Y con mis cosas”.


Otro día, ves que Garcilaso tiene razón (copla VIII, soneto I)…

“Cuando me paro a contemplar mi ´stado
y a ver los pasos por dó me han traído,

 hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado”

… Sientes resignación, te conformas y te sientes afortunado a veces, por librarte de muchas consecuencias que podían traerte el andar por la “cuerda floja”; dejas de ser un “amoroso”, para ser el tipo de hombre que debes ser, el que es aceptado.

Y ¡Zas!, qué habrá ocurrido (de todo o nada) para que te sientas otro día como Juan de la Cruz (canción III, copla II)…

“Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero

que muero porque no muero”

…Sientes que en ti ya no vives, porque has perdido algo o porque no has ganado nada, son esos días en los que debería ser mejor no tener la capacidad de albergar aquello que te hace ser quien eres en realidad, aquello que casi siempre te salva, pero que en ese momento te destruye.

Todo lo anterior puede llegar a hacer sentirte como Fray Luis de León en su Oda I (vida retirada):

“¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,

y sigue la escondida
senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!”.

Sientes que quieres desaparecer, que todo el movimiento que te hacía vivir te está destruyendo, y que nada te puede aportar ya.

Hay quien es constante en estos modos, se siente acorde solo con uno, vive a gusto desarrollándose dentro de él, de la misma manera siempre. Se ahorra problemas en realidad, pero el que vive todos a la vez, piensa: ¿Y lo que se pierde?
Mientras piensa en lo que se pierde quién se lo está perdiendo, él mismo (el que lo piensa) se pierde en esos modos. Es entonces cuando decide hacer algo al respecto, cuando decide situarse en alguna parte, elegir un modo, y respetarlo, serle más o menos fiel. Es el cambio del que hablábamos al principio. Mantenerse toda la vida en “la cuerda floja de los modos”, saltar de uno a otro, sin red que te sostenga al caer es agotador, insostenible; mientras tanto es gratificante y destructivo, es necesario para saber que existen otros modos (cuando hayas elegido uno); sino la paz elegida (de los “uni-modos”) será peor que la guerra (de los “multi-modos”): lo que pudo haber sido, y lo que nunca será.

Si Nietzsche no hubiese andado por la cuerda floja, no hubiese criticado, no hubiese elegido su modo específico de vivir y de expresarse, de sentir;  no tendríamos la fortuna de leerlo, y quizás el no hubiese sufrido ese lento suicido social, que el mismo reconoce ante su amigo Overbeck el 20 de mayo de 1885:
“Hasta ahora y desde mi más tierna infancia, no he tenido a nadie que compartiera conmigo la misma angustia en el corazón y en la conciencia. Esto me fuerza todavía hoy, a menudo, y con muy mal humor, a presentarme con el aspecto de una de las especies de hombre hoy permitidas y comprensibles. […] Mi existencia universitaria fue el largo intento de acomodarme a un medio falso; mi aproximación a Wagner fue lo mismo, aunque en dirección opuesta. […] Me he sentido irrisoriamente dichoso cuando he encontrado o creído encontrar con alguien un trocito o rinconcito común. Mi memoria se halla sobrecargada con mil recuerdos vergonzosos de tales debilidades en momentos en que no he soportado más la soledad. […] Sólo porque me falta el medio adecuado y tengo siempre que desempeñar una comedia, en lugar de reconciliarme con los hombres. El sentimiento de que hay en mí algo lejano y extraño, de que mis palabras tienen otro color que las mismas palabras en otras personas, de que en mí hay mucho plano multicolor que engaña, este sentimiento […] es todavía hoy el grado más exquisito de <<comprensión>> que he alcanzado”.

Finalmente Nietzsche y Wagner se abandonaron mutuamente, y mucho tiempo antes de que tal cosa sucediera ya se sabía, en cuanto Wagner percibiera el abismo existente entre sus aspiraciones (Nietzsche en carta a Malwida von Meysenbug, 14 enero 1880).
Me sirven para hacerme entender, para mostrar la importancia que tiene caminar sobre la cuerda floja, aun arriesgándote a perder determinadas cosas por el camino. Uno no debe cambiar por nadie, sino por uno mismo; y cuando llegue el momento (de elegir tu modo). Tampoco hay que perder la esencia, no podemos hacerlo de hecho (no debemos), del pesimismo de Schopenhauer saco que “Lo que es, ha de ser algo: una existencia sin esencia es impensable. Si un ser ha sido creado, entonces ha sido creado como está creado…”

Existen cosas tan exquisitas, placeres tan inmediatos, disfrutados por todo aquel que camina sobre la cuerda floja… Puedes ser tan sumamente feliz (y a la vez egoísta) buscando tu satisfacción personal constante…

No defiendo en ningún momento el egoísmo, o la bajeza del placer inmediato como deseo necesario; sólo como vivencias pasajeras, cuando caminas por esa cuerda, porque el día en que elijas un modo, deberás abandonar esas costumbres: al menos si tienes mínimas aspiraciones que requieran disciplina y que te obliguen a limpiarte del capricho.

Cuando hagas tu elección serás otra cosa: algunos lo definen como “ser adulto”, pero ¿qué es ser adulto?: la respuesta a esta pregunta es muy variada y personal, y no se trata de edad, pues si no supieras qué edad tienes, y nadie te lo hubiese dicho nunca, ¿qué edad crees que tendrías?

***

***
Jamás, en este amante, la sazón del racionero comedido. Escucha el acto -precipicio impuro- y no el retoque del prejuicio noble.