martes, 3 de mayo de 2011
EN LA BOCA DEL LOBO. 03 / 05 / 2011.
Ya que pronto son las elecciones municipales, se me han venido a la cabeza la corrupción y el desencanto. ¿Por qué será?
Puede ser porque nos metemos en la boca del lobo, nos chocamos con aquello de lo que una vez huíamos, nos tropezamos con la misma piedra.
Si han leído el capítulo IX del ensayo sobre el gobierno civil de John Locke (y no el de la serie Lost), pueden observar cómo Locke expone el estado natural del hombre como estado ideal, pero no posible por la condición de enfermedad del propio ser, esto es causado por la corrupción y la maldad de los hombres degenerados.
Por lo tanto, el hombre renuncia a los privilegios del estado natural (Absolutamente libre), merma su libertad a cambio del control del poder político. Es decir, “en estado de naturaleza, todos son reyes”, por lo tanto el hombre está deseoso por unirse en sociedad, para así combatir la incertidumbre y la inseguridad de vivir con la amenaza constante de la invasión; preservando su propiedad, en un sentido muy amplio (Vida, libertades y posesiones), es por ello por lo que existen los estados y gobiernos, la “política”.
Preservar la propiedad en estado de naturaleza es imposible, pues no hay una ley aceptada y consensuada (ley natural VS intereses propios), no existe un juez imparcial con autoridad, ni tampoco un poder ejecutivo que obligue a cumplir las leyes (cuando éstas son “justas”).
Entonces, el hombre renuncia al poder de castigar, cediéndolo así a un organismo, pues al margen de la libertad, existen dos poderes: en primer lugar, dentro de la ley natural, el hombre puede hacer todo lo que le parezca oportuno para preservar su vida y la de los otros, y en segundo lugar, el hombre tiene el poder personal de castigar los crímenes cometidos contra la ley natural.
Llegados a este punto, si el hombre renuncia a esos dos poderes, entregados al poder legislativo y al poder ejecutivo, respectivamente; la sociedad está obligada a asegurar la propiedad del estado de naturaleza, procurando la paz, la seguridad y el bien del pueblo, impidiendo la agresión e injuria externa.
Tras este repaso por dicho capítulo, suponiendo que nos agrade su teoría, la cual califica como origen del derecho original, valga la redundancia; entonces, ¿Por qué somos corruptos huyendo de la corrupción?, ¿por qué una sociedad enferma, si se le dio su medicina?
Según Robert Trivers, considerado como uno de los 100 pensadores más influyentes del S. XX, por la revista Times (profesor de antropología y ciencias biológicas en la universidad de Rutgers y profesor de psicología en la universidad de Harvard), “el engaño es inherente a la vida”, y además afirma que “tenemos una capacidad tremenda para inventar sistemas de creencias sesgadas en las que, pese a todo, creemos sinceramente”. Y si lo pensamos, “cuando empezamos a comunicarnos entre nosotros mediante el lenguaje aumentaron muchísimo las posibilidades de engañarnos los unos a otros”. Qué curioso, prevalece el autoengaño engañador, y ahora verán por qué.
Este pensador se basa en sus ideas acerca del altruismo recíproco y de la necesidad de un esfuerzo parental conjunto para la supervivencia de nuestra especie. Señala, que la compasión por los demás tiene una larga trayectoria en la historia evolutiva. Nos interesa tener una buena relación con otros, con desconocidos, con los que interactuaremos en el futuro, por si necesitamos de su ayuda más adelante. Por lo tanto, deducimos que la selección nunca delimitó estrictamente los límites de esta compasión. Después de esto, sabemos también que empatizamos con el sufrimiento humano.
La versión negativa de Robert Trivers del mismo fenómeno, es la siguiente: líderes políticos contando mentiras, llevando a cabo políticas vergonzosas; es eso lo que consume las fantasías de poder devolver el “favor” de algún modo.
De todo esto sacamos en claro que de una manera u otra interactuamos, pero en este caso “interactuar” se refiere a intercambiar beneficios entre nosotros a un coste determinado. El problema con este sistema es, muchas veces, que la gente se siente tentada a obtener los beneficios y olvidar el coste. Puedo aceptar tu altruismo, pero también puedo fingir que soy altruista a cambio y no serlo en realidad, aprovechándome de ti. Por eso, “la selección natural ha favorecido nuestra susceptibilidad hacia los tramposos”, es nuestro modo de protegernos.
Si las trampas se repiten un día tras otro, un mes tras otro, desequilibra las relaciones, y puede suponer un gran coste en nuestras vidas…
Sentimos emociones muy intensas contras los tramposos. Necesitamos que sean castigados. Es esto lo que genera aversión en el resto de nosotros, cuando por un lado tenemos a la clase política que no castiga a los tramposos de su misma calaña, y por otro lado, cuando se castiga excesivamente a otro tipo de tramposos. Nuestra sociedad es muy hipócrita, porque no hay que olvidar, que además de esto, cuando somos nosotros mismos los que somos injustos, entonces es otra historia. En general, estamos más que dispuestos a tener una relación injusta en la que es otro el que sufre la injusticia y, además, negamos que nuestra conducta sea así…nos autoengañamos.
Biológicamente, al cerebro le resulta menos costoso autoengañarse que ser consciente del engaño, pues consume menos energía, ya que al ser consciente del engaño está creando una contradicción en sí mismo.
Definitivamente, el autoengaño evoluciona para que el engaño a los demás sea más eficaz y menos costoso; al menos durante un tiempo… a la larga, ¡puede desencadenar un desastre!
Con la ayuda de dos personajes alejados cronológicamente, pero que son conscientes de lo mismo (era y es), vemos como la corrupción y el autoengaño del que una vez huíamos se convierte en enfermedad crónica, siendo todo un feed back positivo, como es el caso de la dilatación del cuello del útero y de la liberación de oxitocina, lo cual determina una mayor dilatación del útero a la hora del parto, pero en este caso (político), en lugar de hacernos vivir, nos ahoga.
¿Cómo paramos este sistema que opera por retroalimentación positiva, en el cuál la respuesta refuerza o intensifica el estímulo?
La posible solución nos lleva a otra discusión: Voto / no voto.
Los acontecimientos hay que analizarlos en su contexto, en este caso la democracia.
Todo aquel que ya no sabe ni para donde mirar, que cierra los ojos para no ver la oscuridad, posiblemente se decante por no votar, o por votar en blanco.
Puesto que tomando la segunda determinación acabas favoreciendo a quién seguramente no deseabas, entonces qué hacemos, ¿no votamos?
El voto es el único arma que tiene un ciudadano, pero si considera que ninguna de las opciones planteadas coinciden con la realidad; ya sea por su imposible cumplimiento, o por sus reiterativos incumplimientos anteriores, ¿qué opciones nos quedan?, y más ante un claro bipartidismo.
En mi opinión, no votar, es una falta de espíritu cívico, y se lo digo con respeto: “no está usted cumpliendo el espíritu de la actitud democrática de votar”.
El gran problema, es que la mayoría de los votantes no llegan a hacer un análisis profundo que se corresponda con la realidad, y van a las urnas con una predisposición o guía, causante de un bipartidismo descarado.
Independientemente de que exista una ley electoral obsoleta, con desigualdad en el recuento, que promueve las mayorías…Hay que analizar con seriedad, dejando a un lado el signo político, hay que fomentar el análisis de las propuestas electorales y de la realidad deseada, y además hay que crear algún tipo de movimiento para evitar su incumplimiento; dejando atrás aquellas palabras de un antiguo político español, del principio de la democracia (“el viejo profesor”): “las promesas electorales son para no ser cumplidas”. Tiene que ser posible conseguir un movimiento ciudadano.
Cuando se consiga que al menos un 30 % de los componentes de este estado analicen en profundidad, nos aproximaremos al espíritu del cumplimiento electoral; Y sus líderes tendrán la certeza de que pediremos cuentas.
Hacen falta espíritus críticos, hace falta cultura y capacidad, pues el conocimiento desemboca en crítica. Es necesario promover este sentimiento, en una sociedad preparada como la nuestra, igual que es necesario también derrocar ese sentimiento de desencanto de la “mayoría”, verlo como una minoría, pues la mayoría es gente honrada, sino cunde el desengaño; Y debemos exigir a esa minoría que la vigilaremos.
La clave está en el movimiento de uno en uno, de gente con inquietudes y formación, que en este país hay mucha.
En definitiva, es el mismo cuento de siempre: EDUCACIÓN, FORMACIÓN, PROMOCIÓN, SERIEDAD, ANÁLISIS PROFUNDO, CRÍTICA, ABSTRACCIÓN, PRESCINDIR DEL SIGNO POSIBLE Y ESCAPAR DE LAS PROMESAS ILUSAS, todo esto es necesario para curar a una sociedad corrupta en su “minoría”. Y sobre todo, visto lo visto, es muy necesario alcanzar los medios para OBLIGAR A LOS CANDIDATOS A ESCLARECER SUS PROPOSICIONES Y A CUMPLIRLAS.
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Jamás, en este amante, la sazón del racionero comedido. Escucha el acto -precipicio impuro- y no el retoque del prejuicio noble.
