Aristóteles dijo que en el justo medio está la virtud, y de hecho para mí esa revelación ha sido siempre como el abecedario, pero hoy cuando venía en el autobús, de repente le he encontrado su talón de Aquiles. Dependiendo, claro, si Aristóteles hubiese estado dispuesto a aplicar su justo medio en el siguiente caso:
Una vez más, reflexionando sobre la vida, la muerte, el ser humano, y todo lo que conlleva serlo; he llegado a una conclusión: “envidiando” a los que no sufren por ello, porque su ignorancia no se lo permite y extrapolándome al otro extremo: los que lo sufren en algún momento, pero lo superan porque su capacidad les permite hacer ambas cosas. Entonces, ¿qué queda en el justo medio? Pues ateniéndonos a las matemáticas, por regla de tres, quedan los que lo sufren pero no lo superan: los “débiles”. Y como en el caso de la vida y la muerte, con todo lo demás.
Queda en el justo medio precisamente algo muy distinto a ser virtuoso: la debilidad. Supongo que el justo medio de Aristóteles pretendía ser aplicable únicamente a los adjetivos: cobarde o temerario, en el justo medio el valiente.
Aprovechando esta reflexión, quizás sin sentido o poco compartida, me gustaría transmitir mi sentimiento acerca de la educación social de nuestro siglo, desprovista en muchos casos de la importante y antigua triada de valores: ser buena persona, dar a cada uno lo que es suyo y no hacerle daño a nadie. Si todos fuésemos conscientes de que una buena trayectoria y una buena sociedad se construye justo con tres sencillas pautas a seguir, ese justo medio (debilidad) del que hablo quizás fuese mucho menor de lo que es, porque todos estaríamos más preparados para afrontar la vida y afrontar estar en el mundo, lo cual es una tarea complicada que puede hacerse sencilla.
Seguramente, todo esto que acabo de soltar lo saben más de los que lo llevan a cabo, pero para empezar somos una sociedad divida, y eso es sinónimo de debilidad; y para terminar, como dijo Gustave le Bon: las voluntades débiles se traducen en discursos; las fuertes en actos.
Quizás sea un planteamiento de mierda, o una hipótesis poco consistente, pero de momento, con 21 años es la que tengo.

MAGNIFIQUE
ResponderEliminarTE ADMIRO, TAN JOVEN Y CON REFLEXIONES QUE HACEN QUE ANALICE MI VIDA QUE PASA POR DELANTE DE MI SIN DARME CUENTA.
ResponderEliminarNo se quién a escrito este comentario, pero seas quien seas: Muchas gracias. Así me animas a seguir escribiendo. Me alegra que te guste. Un saludo.
ResponderEliminarDe nuevo gracias por tus reflexiones. Me hacen reflexionar y llego a la conclusión de que tus tres pautas para una buena sociedad podría quedarse en una: RESPETO.
ResponderEliminarEs increíble que con tan poca cosa puedan resolverse casi todos los problemas de la sociedad.