domingo, 14 de noviembre de 2010

LOS TOROS. 08/07/2010

Siempre lo he considerado un arte, un arte sangriento. Me gustan las corridas de toros, el traje de luces, el toreo a caballo, el toreo a pie. Me gusta la maestranza, me gusta su albero, sus tendidos, su callejón, sus puertas. Todo ello quizás, fruto de una cultura, una costumbre voluntariamente adquirida e inocentemente inculcada.
Sin embargo, al reflexionar una vez más sobre la vida y la muerte, vuelvo a ver el egocentrismo del ser humano, el toreo no es más que otro ejemplo de ello, de las muchas cosas que pensamos que dominamos, que manejamos a nuestro antojo, en este triste caso: animales (como nosotros mismos), seres vivos, a los cuales, alguna fuerza sobrenatural, alguna divinidad, el ciclo evolutivo, o vaya usted a saber qué, les ha dado la oportunidad de vivir, pero al final queda en nuestras manos poner fin, un final que no nos pertenece: la vida de los susodichos morlacos.
Se estará preguntando usted si soy bipolar (haciendo un mal uso del término) o algo por el estilo, porque cómo me puede gustar toda la parafernalia que he descrito al principio, cómo puedo considerarlo un arte y a la vez criticar nuestra propia toma de poder, el poder de matar.
Algo lúcida aún me considero, pues mi contradicción tiene una sencilla e insulsa explicación: me pasa con los toros como con el alcohol, sé que no es bueno emborracharse, pero me gusta (bebedora social).

2 comentarios:

  1. Es de sabida cuenta que la verdad es relativa, al igual evidentemente que todos los puntos de vista que sobre algo se puedan dar... Con el arte pasa lo mismo (qué mejor ejemplo)..

    Existe un gran debate sobre las corridas de toros. Dos posiciones opuestas: si es ético o no... Quizás no lo sea, pero desde cuando el ser humano no ha sido egoista con sus pretensiones? me explicaré, porque quien lea esto pensará que me refiero a la ambición del ser humano por ser un ser dominante sobre los demás, como tu bien decias..

    ...pero iré hacia otro lado... Tengo mi teoría sobre las opiniones de la gente. Ya sabemos que el ser humano es ambicioso por naturaleza. Eso ha quedado claro. Al igual que egoísta... y los dos términos van de la mano para llegar a tener en la vida lo que todo ser humano quiere: la felicidad.

    Por ello, pienso que todas las opiniones de cada uno están infundadas en gran medida en aquellos disfrutes que te ayuden a ser feliz. Si una persona disfruta viendo los toros, o incluso si disfruta con el entorno social que rodea tal mundo, probablemente su opinión, se acercará más a la del apoyarlos. Si te gusta algo y disfrutas con ello, lo más lógico es repetir la experiencia... estarás más próximo a sentirte pleno que a no hacerlo...

    Infundar una opinión según lo ético del asunto te hace reflexivo y valorado, pero infundar una opinión en base a tus gustos (aunque no se lo transmitas así a la gente) es el reflejo de que todos queremos ser felices

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  2. Respecto a este tema, siempre he pensado que podríamos poner una especie de banderillas de ventosas, y al final, en vez de matarlo con la espada, quitarle la divisa con la mano y darle vida a la vida.
    El arte seguiría, pero con menos sufrimiento. Creo que el mejor comentario sería:
    "Al ser civilizado, lo único que le hace falta es aprender a serlo"
    Gracias de nuevo Demócrita por tus reflexiones.

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Jamás, en este amante, la sazón del racionero comedido. Escucha el acto -precipicio impuro- y no el retoque del prejuicio noble.