Cuando te percatas de que no eres nadie sin el elixir del
movimiento constante, te ves obligado a caminar sobre una cuerda floja (Walk
the line, si te gusta Johnny Cash), donde te sientes un animal impuro (como los
de José Luis Cuevas); Viendo que “todos somos monstruos, o más bien, nadie es
monstruo pues todos lo somos” (opina Vargas Llosa sobre dichos animales).
A pesar de que la expresión “estar en la cuerda floja” nos
haga pensar en reminiscencias circenses, lo cierto es que se trata de una
expresión muy castellana asociada en sus orígenes a los procesos judiciales. Sin
embargo, esto no tiene nada que ver con los tribunales, solo con el juicio
(mental: sano, insano) de uno mismo (juicio y prejuicio).
Dice el protagonista (Felipe Núñez) del libro de Federico
Cañada Sainz (el paraíso de los hombres solteros, 1964): “es difícil ser justo.
Para ser uno justo con los demás, a veces, es necesario ser injusto con uno
mismo. Y la verdad…”
Y la verdad es esa, que si caminas por la cuerda floja (de
la manera en que yo la entiendo) es difícil ser injusto con uno mismo. Puede
sonar a injusticia en un sentido muy abstracto, pues es muy amplio el concepto.
Quizás esté nombrando mal a las piedras literarias que voy lanzando por el camino,
a través del cual he de llegar al trasfondo de todo esto, utilizándolas en
definitiva (piedras) para hacerme entender. No obstante, espero llegar a buen
fin, por algún lado he de comenzar, y más me vale ordenar lo que voy a relatar,
pues mucho se puede enredar:
Supongo que no soy la única persona a la que le sucede poder
llevar una vida relajada (aparentemente), aunque mi cabeza (con vida propia)
lleve una vida más acelerada, no para, y no puedo evitarlo. Entonces, la vida
que llevas no es realmente una vida relajada, sino agotadora. Cuando te agotas
decides que tienes que cambiar, y que además tienes que pensar menos (es una
trampa), y justo cuando estás dispuesto a hacerlo, sacas energía de no sé donde
(eres joven: espiritualmente) y vuelve el ciclo a repetirse (feed-back
positivo). Finalmente, llegará el día en que salgas de ese ciclo, rompas con él
(supuestamente de manera definitiva), será el día en que te conviertas en
alguien más práctico, rutinario, el día en que adquieras muchas más responsabilidades
de las actuales; Ese día habrás cambiado (el resultado de la suma de todos los
días). Y también hay quién apenas cambia.
Yo, personalmente, estoy muy de acuerdo con lo que dijo
Elliot Gould: “Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una
posibilidad de cambio, hay que cambiar”, por lo que la última posibilidad (no
cambio) no me vale.
Y qué tiene qué ver todo esto de los cambios con estar en la
cuerda floja…se preguntará más de uno:
Cuando sientes intensamente la vida como lo que es
(irreversible), te aflora también (día a día) del mismo modo, la manera en que
decides vivirla: todo ello se traduce en voluntad y en actos (sin ellos para
nada es la voluntad). Se crea entonces una división de personalidades, personas
distintas, que siempre se sienten y viven del mismo modo, y personas que
mezclan esos modos. Me refiero a lo siguiente:
De repente un día, se te clava en el corazón un sentimiento,
muy bien expresado por Quevedo en sus poemas metafísicos…
“Ya no es ayer, mañana no ha llegado;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
que la muerte me
lleva despeñado”
… Sientes que debes circular, moverte, por todas partes, a
todas horas: te sientes como un “amoroso” de Jaime Sabines:
“Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan”.
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan”.
O como Luis de Pablos, cuando dice que necesita:
“Necesito salir, por no quedarme
A solas conmigo mismoY con mis cosas”.
“Cuando me paro a contemplar mi ´stado
y a ver los pasos por dó me han traído,
hallo, según por do
anduve perdido,
que a mayor mal
pudiera haber llegado”
… Sientes resignación, te conformas y te sientes afortunado
a veces, por librarte de muchas consecuencias que podían traerte el andar por
la “cuerda floja”; dejas de ser un “amoroso”, para ser el tipo de hombre que
debes ser, el que es aceptado.
Y ¡Zas!, qué habrá ocurrido (de todo o nada) para que te
sientas otro día como Juan de la Cruz (canción III, copla II)…
“Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera
espero que muero porque no muero”
…Sientes que en ti ya no vives, porque has perdido algo o porque
no has ganado nada, son esos días en los que debería ser mejor no tener la
capacidad de albergar aquello que te hace ser quien eres en realidad, aquello
que casi siempre te salva, pero que en ese momento te destruye.
Todo lo anterior puede llegar a hacer sentirte como Fray
Luis de León en su Oda I (vida retirada):
“¡Qué descansada vida
la del que huye del
mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han
sido!”. Sientes que quieres desaparecer, que todo el movimiento que te hacía vivir te está destruyendo, y que nada te puede aportar ya.
Hay quien es constante en estos modos, se siente acorde solo
con uno, vive a gusto desarrollándose dentro de él, de la misma manera siempre.
Se ahorra problemas en realidad, pero el que vive todos a la vez, piensa: ¿Y lo
que se pierde?
Mientras piensa en lo que se pierde quién se lo está
perdiendo, él mismo (el que lo piensa) se pierde en esos modos. Es entonces
cuando decide hacer algo al respecto, cuando decide situarse en alguna parte,
elegir un modo, y respetarlo, serle más o menos fiel. Es el cambio del que hablábamos
al principio. Mantenerse toda la vida en “la cuerda floja de los modos”, saltar
de uno a otro, sin red que te sostenga al caer es agotador, insostenible;
mientras tanto es gratificante y destructivo, es necesario para saber que
existen otros modos (cuando hayas elegido uno); sino la paz elegida (de los “uni-modos”)
será peor que la guerra (de los “multi-modos”): lo que pudo haber sido, y lo
que nunca será.
Si Nietzsche no hubiese andado por la cuerda floja, no
hubiese criticado, no hubiese elegido su modo específico de vivir y de
expresarse, de sentir; no tendríamos la
fortuna de leerlo, y quizás el no hubiese sufrido ese lento suicido social, que
el mismo reconoce ante su amigo Overbeck el 20 de mayo de 1885:
“Hasta ahora y desde mi más tierna infancia, no he tenido a
nadie que compartiera conmigo la misma angustia en el corazón y en la
conciencia. Esto me fuerza todavía hoy, a menudo, y con muy mal humor, a
presentarme con el aspecto de una de las especies de hombre hoy permitidas y
comprensibles. […] Mi existencia universitaria fue el largo intento de
acomodarme a un medio falso; mi aproximación a Wagner fue lo mismo, aunque en
dirección opuesta. […] Me he sentido irrisoriamente dichoso cuando he
encontrado o creído encontrar con alguien un trocito o rinconcito común. Mi
memoria se halla sobrecargada con mil recuerdos vergonzosos de tales
debilidades en momentos en que no he soportado más la soledad. […] Sólo porque
me falta el medio adecuado y tengo siempre que desempeñar una comedia, en lugar
de reconciliarme con los hombres. El sentimiento de que hay en mí algo lejano y
extraño, de que mis palabras tienen otro color que las mismas palabras en otras
personas, de que en mí hay mucho plano multicolor que engaña, este sentimiento
[…] es todavía hoy el grado más exquisito de <<comprensión>> que he
alcanzado”.
Finalmente Nietzsche y Wagner se abandonaron mutuamente, y
mucho tiempo antes de que tal cosa sucediera ya se sabía, en cuanto Wagner
percibiera el abismo existente entre sus aspiraciones (Nietzsche en carta a
Malwida von Meysenbug, 14 enero 1880).
Me sirven para hacerme entender, para mostrar la importancia
que tiene caminar sobre la cuerda floja, aun arriesgándote a perder
determinadas cosas por el camino. Uno no debe cambiar por nadie, sino por uno
mismo; y cuando llegue el momento (de elegir tu modo). Tampoco hay que perder
la esencia, no podemos hacerlo de hecho (no debemos), del pesimismo de
Schopenhauer saco que “Lo que es, ha de ser algo: una existencia sin esencia es
impensable. Si un ser ha sido creado, entonces ha sido creado como está creado…”Existen cosas tan exquisitas, placeres tan inmediatos, disfrutados por todo aquel que camina sobre la cuerda floja… Puedes ser tan sumamente feliz (y a la vez egoísta) buscando tu satisfacción personal constante…
No defiendo en ningún momento el egoísmo, o la bajeza del placer inmediato como deseo necesario; sólo como vivencias pasajeras, cuando caminas por esa cuerda, porque el día en que elijas un modo, deberás abandonar esas costumbres: al menos si tienes mínimas aspiraciones que requieran disciplina y que te obliguen a limpiarte del capricho.
Cuando hagas tu elección serás otra cosa: algunos lo definen como “ser adulto”, pero ¿qué es ser adulto?: la respuesta a esta pregunta es muy variada y personal, y no se trata de edad, pues si no supieras qué edad tienes, y nadie te lo hubiese dicho nunca, ¿qué edad crees que tendrías?

La edad: algunos la definen como el tiempo de existencia desde el nacimiento;otros como la duración de algo desde que comenzó a existir..
ResponderEliminaryo, personalmente la comprendo como el devenir, como la suma de aquellos momentos en los que se es consciente,en los que se atisban los cambios, cuando te das cuenta de que las cosas que hasta ese mismo instante te habian llenado de sentido profundo, se simplifican y ahondan hasta tal punto que se vuelven absurdas.Esos momentos son en los que creces, porque se produce una alteración de tu estado anterior, ya que, la satisfacción inmediata con la que te sentías saciada, ya es incapaz de saciar nada, ni siquiera lo ya satisfecho.
Por lo que no tiene mas edad quien mas de años de vida posee, sino quien experimenta una sucesión de cambios que le permiten avanzar, no estancarse en el instante, en ese momento en el que concibes la edad como algo irreversible.
De hermana a hermana, de amiga a amiga, de compañera a compañera...
Vicky Cid.